La planta tipo: hallazgo maravilloso, riesgo inmenso
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En arquitectura, la planta tipo suele presentarse como un gran hallazgo.
Una solución brillante que ordena, sistematiza y permite construir con eficiencia.
Pero también puede convertirse en un riesgo enorme cuando se utiliza como una medicina genérica, aplicada de forma automática, sin reflexión ni contexto.
El problema de repetir sin mirar el lugar
No existe la posibilidad real de que nueve pisos tengan la misma relación con su sitio en todos los niveles.
Sin embargo, seguimos proyectando como si toda la ciudad fuese un gran pasaje repetible, idéntico y monocorde.
La pregunta aparece sola:
¿La arquitectura sigue viva al momento de proyectar ciudad?
Arquitectura y ciudad: dos entidades que se rozan sin tocarse
La ciudad es múltiple y cambiante.
Compacta, porosa, permeable, sólida, rebelde, densa y generosa.
También simple, ordenada, a veces caótica, profundamente real y habitable.
Como ciudadana, reconozco estas características en la ciudad.
Como arquitecta, también las reconozco en la arquitectura.
Entonces surge la duda:
¿cómo conviven dos entidades tan cercanas, casi ignorándose?
La planta tipo como solución… y como mutación
La planta tipo vino a ordenar, configurar y sistematizar la arquitectura.
Pero también trajo consigo un fenómeno inquietante: una mutación silenciosa.
La planta tipo como semilla transgénica, modificada por lógicas que buscan únicamente optimizar el metro cuadrado y maximizar la rentabilidad.
El miedo es claro: que ese nuevo gen nos aleje de nuestra función más esencial.
Diseñar para el buen habitar.
El habitar como origen y destino
Todo nace ahí.
No hay otro lugar.
El habitar es el punto de partida y también el horizonte de llegada.
Y entonces aparece otra pregunta incómoda:
¿En qué momento dejamos de mirar hacia los costados?
De piso a cielo: el paisaje nunca es el mismo
Calle.
Vereda.
Perros, personas, locales, movimiento, circulación peatonal y vehicular, bicisendas, casas bajas.
Subo un nivel.
Viviendas, árboles, balcones, una trama vibrante.
Un nivel más.
Techos oxidados, membranas gastadas, balcones vivos, el cielo atravesado por smog.
Más arriba.
Nuevas visuales, otra escala, la intimidad de la altura, las copas de los árboles apenas visibles.
Todo cambia:
- Texturas
- Materiales
- Olores
- Sonidos
- Sensaciones
La distancia modifica la intimidad.
El ojo humano se adapta.
El paisaje se transforma, sin pausa.
Entonces, la pregunta vuelve con más fuerza:
¿cómo podemos justificar nueve pisos idénticos?
El daño de la repetición automática
El abuso de la planta tipo no solo homogeniza edificios.
Hace daño.
Daño al paisaje.
Daño al habitar.
Daño a la ciudad.
Una ciudad noble, bella y golpeada como la nuestra merece esmero, sensibilidad y reflexión.
No se trata de demonizar la planta tipo como concepto.
Se trata de cuestionar su uso automático, irreflexivo y repetitivo.
Cuando la arquitectura deja de pensar
Preocupa más leer en los planos:
“Planta tipo del 2° al 10° piso”
que cualquier otro error de diseño.
Preocupa cuando la arquitectura deja de pensar, de respirar, de ser consciente.
¿Qué pasaría si alteráramos la ubicación del piso multifunción?
¿Por qué siempre arriba o siempre abajo?
¿Qué perderíamos si mezcláramos funciones en el cuerpo del edificio?
¿Es correcto igualar plantas de forma masiva, ignorando la vida que late alrededor?
Arquitectura con conciencia
El buen habitar no se repite.
No se apila.
No se copia.
Se diseña para cada lugar, cada altura y cada paisaje.
“El buen habitar no se repite: se diseña para cada lugar, cada altura, cada paisaje.”